Esteban Laureano Maradona  fue un médico rural, naturalista, escritor y filántropo argentino, que no conocía de distancias ni de horarios. Popularmente conocido como El Doctor Maradona, se destacó por su sapiencia, su modestia y su profunda vocación de servicio. 

Nació el 4 de julio de 1895 en la ciudad de Esperanza, provincia de Santa Fe. En homenaje a la fecha de su nacimiento, el 4 de julio fue declarado en la Argentina como el Día Nacional del Médico Rural. 

En su libro Recuerdos Campesinos, reconstruye con profunda emoción, las vivencias de su infancia y juventud en su ciudad natal. Allí escribe: “Vivíamos en un estado natural, como los indios; mi infancia fue feliz y plena de vivencias con la naturaleza...Aprendí a domar potros. Fui mal alumno, desordenado, rebelde...solitario, de carácter fuerte como mi padre..., que era bastante severo y tenía muchas estancias desperdigadas en la provincia...” 

Tras transcurrir su infancia y adolescencia en Esperanza, su familia se trasladó a Buenos Aires, donde Maradona inició sus estudios en la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional de Buenos Aires.

Fue discípulo de Bernardo Houssay y de Pedro de Elizalde, entre otros. Tras obtener su título de médico, pensó en instalar un consultorio en Resistencia, provincia del Chaco. Sin embargo, su fuerte personalidad -desobediente, tenaz y profundamente comprometida con la defensa de los derechos de los más humildes- lo llevó a dictar conferencias sobre la Ley N° 9688 de Accidentes de Trabajo, sancionada en 1915, que establecía indemnizaciones para los trabajadores accidentados. Dicha norma fue, en gran medida, consecuencia del impacto que tuvo el estudio sobre las clases obreras realizado por Juan Bialet Massé. 

En ese contexto político, su postura le ocasionó serios inconvenientes, ya que el país se encontraba bajo la dictadura de José Félix Uriburu. Fue perseguido por la policía y, para evitar mayores problemas, decidió trasladarse al Paraguay, donde llegó a desempeñarse como jefe del Hospital Naval de Asunción. 

Cuando comenzó la guerra entre Paraguay y Bolivia, atendió a los heridos de ambos bandos, dejando escrito entre sus memorias: “Cuando terminó la guerra doné mis sueldos a los soldados paraguayos y a la Cruz Roja...y me fui...” 

Durante su viaje de regreso a la Argentina, un hecho fortuito cambió el rumbo de su vida. El tren, que arrastraba un vagón de primera clase y dos de segunda, tenía una parada de un par de horas en el paraje Guaycurú, localidad que posteriormente recibiría el nombre de Estanislao del Campo, situado a unos 235 kilómetros de la ciudad de Formosa, para efectuar el cambio la locomotora. 

De pronto, llegaron a la estación dos personas que, a los gritos, preguntaban si había algún médico presente. Explicaron que, desde hacía dos días, una mujer no podía dar a luz y necesitaba asistencia urgente.

Maradona, que en ese momento estaba próximo a cumplir 40 años, se identificó como médico. Lo hicieron subir a un sulky y, por una angosta senda, se internaron en el monte. La mujer se encontraba en estado muy grave y Maradona debió realizar un enorme esfuerzo para salvar la vida de la madre y de su hija, objetivo que finalmente logró. 

A raíz de aquellos acontecimientos, Maradona había perdido la noción del tiempo. Cuando regresó a la estación, el tren ya había partido. En el andén lo aguardaba un grupo de personas, en su mayoría indígenas, que le propusieron permanecer en el lugar, ya que la localidad carecía de médico y sus habitantes estaban librados a la buena de Dios.

Aquella circunstancia haría que el doctor Maradona viviera los siguientes 52 años de su vida en ese humilde rancherío, rodeado del espeso monte formoseño. 

El doctor Maradona relata ese episodio de la siguiente manera: “El tren que me llevaba a Tucumán, donde vivía mi hermano, estaba a punto de partir. Con mi viejo maletín de médico en la mano, estaba sólo, parado en el andén del pasaje Guaycurú (hoy Estanislao del Campo, en la provincia de Formosa) cuando comenzaron a pedir a los gritos desesperados a un curador, me hicieron subir a un sulky y me interné en la espesura del monte, sin importarme el tiempo que me llevaría el auxilio. Toda mi energía se concentró en salvar esas dos vidas en un parto complicado...perdí el tren...Después de cuatro años de curar a paraguayos y bolivianos en la guerra, ¿cómo no iba a hacer algo por esta gente de mi patria?”. 

Así, estableció su residencia en Estanislao del Campo, una remota localidad de la provincia de Formosa, situada en el kilómetro 240 de la ruta nacional N° 81. Allí transcurrieron cincuenta y dos años de su vida, dedicados por completo al ejercicio de la medicina y al servicio de la comunidad, hasta que su estado de salud ya no se lo permitió. En ese entorno, en pleno contacto con la naturaleza, aprendió las lenguas de los pueblos tobas, pilagás, wichis y guaucurúes, y les enseñó a leer y escribir. 

Con respecto a su permanencia en Estanislao del Campo, expresó: “Con el tiempo, me aceptaron, aunque al principio tenían miedo de acercarse; ninguno se quería ir sin que yo revisara sus cuerpos sesgados por el dolor”. 

En Estanislao del Campo se conserva lo que fue su casa-consultorio. Permanece en una absoluta soledad, pero cuidadosamente preservada por los vecinos, quienes, al advertir la presencia de algún visitante, se acercan con entusiasmo para relatar anécdotas sobre el médico. Recuerdan que le gustaba que lo llamaran Piognac, palabra que en la lengua pilagá significaba “Doctor Dios”.

Allí aun se conservan su modesto catre, una mesa, un escritorio, un brasero y un ropero con sus austeras pertenencias. Prefería la luz natural. Cuentan que, cuando instalaron un farol en la puerta de su casa, pidió que lo retiraran, pues no le interesaba contar con iluminación eléctrica. 

Solía decir: “No hice otra cosa que cumplir con mi juramento hipocrático de hacer el bien al prójimo”. 

Su vida constituye un ejemplo de altruismo, solidaridad y dedicación al servicio de los más necesitados. Fue postulado en tres oportunidades para el Premio Nobel de la Paz. 

Publicaciones

Maradona también fue periodista y un apasionado estudioso de la naturaleza que lo rodeaba. Escribió en el diario La Voz del Chaco y, en su tiempo libre, realizó exploraciones botánicas, dedicándose al estudio y clasificación de numerosas especies vegetales. 

Fue autor de numerosos trabajos científicos de carácter antropológico, además de crónicas sobre la flora y la fauna, llegando a realizar un relevamiento de la biodiversidad de la isla del Cerrito.

Aunque escribió alrededor de veinte libros, varios de ellos permanecieron inéditos durante años. En 1994 el Congreso de la Nación Argentina dispuso la edición de sus obras y estableció que los ejemplares fueran distribuidos a bibliotecas públicas legalmente constituidas.

Publicados

  • A través de la selva
  • Recuerdos Campesinos.
  • Una planta providencial (el yacón).

Obras inéditas

  • Animales cuadrúpedos americanos, en tres volúmenes con ilustraciones.
  • Aves, en tres volúmenes con ilustraciones.
  • Dendrología, en cinco volúmenes, con representaciones gráficas de las especies.
  • El problema de la lepra. Profilaxis y colonización.
  • El problema del vinal. Propiedades, usos y distribución en Formosa.
  • Historia de la ganadería argentina.
  • Historia de los obreros de las Ciencias Naturales. Botánica y Zoología Americana.
  • La ciudad muerta (historia de los primeros años de la ciudad de Concepción del Río Bermejo).
  • Páginas sueltas (periodismo).
  • Plantas cauchígenas.
  • Vocabulario toba-pilagá que contiene más de 3.000 palabras traducidas al castellano.